Me resulta un tanto difícil hablar con total objetividad periodística sobre Eruca Sativa, simplemente porque es esa banda que descubrí después de haber pensado que era una banda muy mala. Sí, como lo leen, esa fue mi primera impresión cuando los escuché por primera vez, y no les dí chance hasta que me detuve a dejarme llevar, no sólo por su música, sino por todo su contenido.

Y bueno, como todo amor virtual, la hora de la verdad fue la hora de verlos en vivo, de ver qué me pasaba con ese ida y vuelta que iba a buscar aquella primera vez que los veía y escuchaba. Y fueron primeras veces, ellos por primera vez en el Luna Park y yo por primera vez frente a ellos.

El amor fue como un flash, una lanza de Cupido. Exagero, tal vez, pero me animé a dejar entrar en mi corazón power metal una propuesta que me llevó a sentir muchas emociones juntas con sus canciones, ese descubrir que toda su discografía y su historia y ese viaje que proponen tenían que ver conmigo y que podía hacerlos parte de mi vida. Fue un vendaval de sonidos, como un enchufe, ¿cómo explicarlo? Si lo sentís con la banda que te gusta, me entendés.

Eruca Sativa cumple diez años y, así como yo, habrá otros seguidores y ultrafans que los conocen hace poco, hace cinco, hace diez años. Para la cuenta da igual, porque podemos devorar su historia o sus canciones tal vez de la misma manera. Lo van a celebrar en el Templo del Rock, Obras, ese antro de la veneración de masas al cual muchas bandas quieren llegar, un escalón más para estos tres “pibes”, estos tres inseparables amigos que dicen que aún se extrañan cuando pasan dos días sin verse o hablarse, esa magia que los une se respira. Y se respira de verdad porque ayer, en la conferencia de prensa alusiva al evento, estaban ellos tres cuales adolescentes en sus roles, pero siendo uno a la hora de exponer sus sensaciones y sentimientos de cara a un acontecimiento tan importante.

Destacaron la evolución, el crecimiento, el aprendizaje, y también la eventual no búsqueda de metas con esto de la música, sino eso que está buenísimo y que es dejarlo fluir, dejarse llevar, dejarse sorprender, y quizás ahí está en parte la clave de un éxito, de su éxito. Eso de plantarse ante lo que llega con la mirada de un chico, con asombro tal vez, con humildad.

Son un acoplado de recuerdos, desde aquellas primeras giras donde no tenían ni para comer, ¡y rescataban cajas de budines de la ruta! hasta su primer show donde Lula lloraba pensando en que se le quemó el pedal, una marea de sonrisas cómplices buscando la aprobación del otro.

Y se definieron, sin vueltas: Lula es la que va al frente sin pensar, Brenda es la que pone los pies sobre la Tierra, y Gaby es el que da el toque de equilibrio. Y así se fusionan, se ensamblan, para crear esas melodías, esas canciones, esos discos, que los representa a cada uno en cada época. Cada uno con su talento, cada uno con su mesura.

Me contó Brenda que no tiene que ver con la fama, con pegarla, que el asunto está en estar en sincronía entre ellos y en la búsqueda que tienen en la vida, en ser sinceros entre ellos. Que han transitado situaciones humanamente muy difíciles, y que ha visto a otras personas pasar por lo mismo, y de repente no verse nunca más. Entonces el desafío como grupo, más allá de ser compositivo, también es humano, de generosidad, de tratar de aceptar al otro como es, algo que les permite aprender mucho y crecer, internamente y en el trato con el resto de las personas.

Y pienso que, obviamente, nada es totalmente color de rosas, que así como todo ser humano tiene talentos, también tiene miserias, pero qué bueno está poder conocer y encontrar gente que, más allá de todo, se sigue eligiendo para compartir esas sensaciones que los llevan a ser un equipo. Eso que se ve cuando están arriba del escenario, esa conexión que se da cuando tocan juntos, eso que Brenda dice que es muy difícil conseguir con otras personas, eso que los hace Eruca Sativa, ni más ni menos.

Palabras más, palabras menos, no quiero aburrirlos demasiado con mi relato. Aquí la cuestión es que es tiempo de festejos, es tiempo de recuerdos, es tiempo de perlas del arcón, es tiempo de seguir creyendo que la música es lo que nos salva de toda la realidad que nos toca vivir, la que nos lleva de la mano a transformar el dolor en alegría, aunque sea un instante.

Toda esa adrenalina y más es la que me transmite Eruca Sativa. Te puede gustar como banda o no, podés entenderlo o no, podés estar de acuerdo o no. Pero podemos coincidir en que todos tenemos esa banda que nos aguanta el corazón. Y que diez años no es poco, y  que no es fácil derribar muros si no sos un buen constructor.

Estos pibes construyen día a día su historia, dicen estar todavía muy lejos de ser grandes, y que sienten una alegría inmensa y orgullo al ser considerados referentes de otros pibes como ellos, cuando empezaron, en la Partner que los llevaba de gira. Son Lula, Brenda y Gaby, así sin vueltas, esos que te abrazan y te hacen parte de su ruta, de su lugar. Yo me subí a ese tren, Eruca Sativa tambíen es mi lugar. Mi corazón power metal tiene un tinte más de color.

 

Eruca Sativa-10 años-9 de Diciembre en el Estadio Obras.

 

 

Por: Susana Isabel.

Foto: Gentileza Máximo Castro.

©Derechos Reservados de Autor.

Agradecimiento: a Jesica Kusnier Prensa y equipo por la invitación.

 


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