En el colegio secundario, cada vez que teníamos que definir con una canción a la hermandad, a la unión, a la felicidad y muchas cosas más, era inevitable que el “Himno a la alegría”, de Beethoven, no sonara. Ayer jueves tocó Eruca Sativa en el Luna Park y hoy, un día después, mientras repaso y escribo lo vivido, fue inevitable una vez más que esa canción graficara el momento. Por qué? Porque eso fue, fue el show de la alegría, un show donde la hermandad y la amistad fueron los protagonistas de principio a fin, entre la banda y quienes entendemos del mensaje. Fue el show con el que Eruca Sativa presentaba oficialmente “Barro y Fauna”, su último disco; era su fiesta, pero a  su vez  fue la fiesta de todos.

Pasaditas apenas las 21 horas, después de la previa con arengas y globos de colores, la banda da el puntapié inicial con “Intropia” seguida de “Armas Gemelas”, las dos primeras de las 30 canciones que serían parte del repertorio. Un repertorio lleno de energía, un torbellino de emociones y canciones que sabemos todos (si, me incluyo, me sentí una fan más), un repertorio que navegó en esa diversidad de estilos y sonidos que Eruca Sativa profesa, como en una constante búsqueda de expresión plural y sin encasillamientos, ingrediente que, para mí entender, tiene mucho que ver con su éxito.

Sin dudas las emociones estarían a flor de piel, con puntos máximos en todo momento y una catarata de aplausos sostenidos con cada uno de los invitados. Sí, porque la fiesta no podía no tener invitados. Uno a uno fueron pasando, únicos, tan allegados a la banda que se sintió en el público esa comunión interna. El primer invitado de la noche fue Anibal Kerpel, una de las piezas fundamentales del último disco, en “Inercia“. Luego sería el turno de Nico Sorín, en su primer irrupción, para interpretar el ya clásico en un show de Eruca,  “Eleanor Rigby”, de The Beatles. Acto seguido, para deleite de muchos de los presentes, y me incluyo, fue el turno de la querida y loada Marilina Bertoldi, quién interpretó “Lo que no ves no es”, gran canción, excelente performance como siempre. En “Japón”, una de las canciones más potentes del último disco, apareció en escena Hernán Rupolo, el viejo y querido “peludo”, uno de los guitarristas, para mí gusto, más virtuosos que tiene la escena local. Luego fue el momento de Kerpel, Rufino y Sosa en “Sin la red”, momento en el que Gaby le cede las batas  a Sosa y empuña la guitarra criolla. Después vendría un lujo al cuadrado, con la irrupción en escena de David Lebón quien subiría para contarnos, además, que cuando los descubrió eran tres pibes que estaban tocando un tremendo tema y que él, fiel a su estilo, no pudo no sumarse a tocar y desde allí los sigue. Y Lula contó que si hubo alguien que los impulsó a hacer música de una manera diferente fue él. Elogios y dos canciones compartidas (Noche de Perros junto a Rufino y la infaltable Seminare) abrirían la puerta a los  demás invitados que se fueron sumando al show, invitados que no fueron elegidos al azar sino que tienen, cada uno de ellos, un color particular dentro del arco iris de Eruca Sativa.

Pasado el momento épico, vendrían otros momentos no menos elocuentes. Sorín vuelve a  escena en “Pulso”, y al turno de “Haku Malvin” un grupo de cantantes copa la plataforma superior del escenario para entonar esta especie de himno fantástico, cuyo coro original fue interpretado en su totalidad por Tavo Cortés (Sig Ragga) y que, para ser recreado en vivo, contó con la participación especial de varios artistas muy allegados a Eruca Sativa y representantes de la nueva camada de talentos de la escena: Larro Carballido de Más que Uno, Barbi Recanati de Utopians, Luciano Villacé de Bigger, Nicolás Alfieri de Todo Aparenta Normal, el Tano Farelli de Parteplaneta, Mariana Bianchini, Julián Baglietto, Patricia Pacheco e Ignacia Etcheverry, Luciana Segovia, Laura Ana y la directora Fernanda Martínez Mina.

Luego habría un segundo plato fuerte de la noche y sería nada más y nada menos que Abel Pintos, quién entonó dos de las canciones más hermosas ejecutadas por los Eruca: “Somos Polvo”, de su último disco, una canción que los encontró a los cinco en la pasarela montada en el campo del Luna, con Brenda en teclados, Gaby y Lula, Mariano Delgado en charango y Abel en voz. Un momento explosivo, que se sostuvo en la segunda canción, “Amor Ausente”, canción que hizo vibrar sin par a la concurrencia. El último invitado de la noche sería Dizzy, en “Tarará”. Regalos de Eruca para Eruca, regalos de Eruca para el público.

Y así, entre clásicos, nuevas canciones y visitas, sonaron luego los últimos temas, temas que serían el corolario de una performance que vino a dejar en claro que este power trío cordobés, que estos tres pibes del interior, que estos tres grandes músicos de Argentina, tienen todo para ser lo que son: talento, tesón, humildad, un corazón gigante y el espíritu de un niño, ese mismo espíritu que se les nota en la cara cuando se suben a un escenario, ese mismo espíritu que los lleva a cumplir sueños, ese sueño que Gaby nos contó en el primer Luna, ese sueño que se hizo realidad. Éste Eruca creció, en muchos aspectos, el show fue prolijo, medido, acertado, con un sonido a la altura de las circunstancias, en realidad, fue un show completo a la altura de la circunstancias. Este Eruca creció, pero lo bueno es que no dejan de divertirse, lo bueno es que no dejan de mostrarnos esa esencia que, implícitamente y explícitamente nos dejan en su música, lo bueno es que siguen siendo amigos de sus amigos. Lo dejaron en claro en esos últimos minutos con “Para que sigamos siendo” en un acústico tan íntimo e interactivo que sólo hubo lugar para una sola voz. Lo dejaron en claro, ellos son lo que son porque hacen lo que hacen.

“Ven, canta, sueña cantando, vive soñando el nuevo Sol, en que los hombres volverán a ser hermanos”

Gracias Eruca Sativa. Gracias Brenda, Lula y Gaby por el Sol de la noche de jueves.

SET LIST

FOTO EXTRAÍDA DEL GRUPO “ERUCA SATIVA” CRÉDITO AL AUTOR DE LA FOTO.

 

GALERÍA DE FOTOS

 


Nota de la redacción: no quiero dejar de mencionar algo que los fans, más allá de la euforia y la alegría que se vive y que viven, están haciendo público: el aumento de los robos (fueron muchos en el recital) y algunas conductas no muy buenas que, cierta parte del público que ha concurrido al show, ha tenido, incluyendo una por la cual un chico salió lastimado de allí. Esperemos que estas cosas no continúen sucediendo, porque estoy segura que nada tiene que ver con lo que la banda profesa. Que la música no se manche. 

Y a los locales, MÁS SEGURIDAD Y CONTROL, algo se debe poder hacer. 

 

 

Por: Susana Isabel.

Fotos: D-Roc Fotografías ( Daiana Córdoba)

© Derechos Reservados de Autor.


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