La noche del jueves 4 de agosto pintaba fresca y yo me emponché como para ir a la Antártida, pero el destino era Niceto Club, donde El Buen Salvaje presentó su nuevo disco titulado Multitud Al Acecho, y no le pifiaron con el nombre, una multitud asistió al show que, dicho sea de paso, levantaron la temperatura ambiente a un nivel cuasi tropical, climáticamente hablando.
A las 22:15 la banda sale al escenario sin mediar palabras y nos tira con artillería pesada: “Absorción”, “Pecado verbal” y “Siempre el canil”, los tres primeros temas de la noche que fueron una simple muestra de todo lo que estaba por venir. 

En un guiño filosófico, debo decir, que El Buen Salvaje, como banda, no pierde su encanto, como ocurre con el buen salvaje de Rousseau mientras se asoma a la civilización, muy por el contrario, esta banda crece y evoluciona sin parar y sigue sorprendiendo con cada producción; en alguna reseña anterior, me detuve en la voz de Martín Carriquiry planteando falsetes maravillosos, en esta nueva reseña, voy a destacar la versatilidad y el rock, si, si, el rock que abunda en esa garganta.

Después de la primera trinidad divina de canciones, la banda se presenta, como si hiciera falta, ante un público fervoroso y acalorado, que celebra con aplausos y gritos, el show más importante, hasta el momento, de El Buen Salvaje, que nos premian con Proyección.

Para que Al alcance, suene como se debe, se suma El Unicornio en percusión, a la ecuación formada por Martín Carriquiry en voz, Tomás Vigo y Amadeo Beltrán en guitarras, Guillermo Bernardo en bajo y Lucas Vigo en batería. Le siguen en el set list Derecha de rey e Ingrávido.

El calor absoluto se apoderó de Niceto club, y el público se iba despojando de ropas y de timidez aquellos que hasta ahora no habían empezado a saltar. En el escenario, Renzo Favaro, vocalista de Patán, se une a Martín para cantar Móvil de estación, en un matiz de voces increíbles, que concluyó con un abrazo de dos cabezas brillantes, en todos los sentidos posibles.

“Uxmal, Un espectro entre los dientes Cornucopia y A un prócer fueron de la partida casi al final de la noche; para cerrar, Willy Piancioli, de Los Tipitos se hizo cargo de los teclados -soberbios- en Devenir de la espera y El occiso está servido, momento en el cual el lugar estalló. Pero estalló, no sé si se entiende.

En una orgía de aplausos, Jardín ultravioleta y El maldito fueron los temas elegidos para el final del show, El Buen salvaje agradecido, se despidió como otras veces, al ritmo de Zorba, el griego, dejándonos a todos, con ganas de llegar a casa y darle Play al disco que regalaron con la entrada al recital.

P.D: afuera ya no hacía frio, estos pibes calientan hasta un invierno argentino.


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Por: Victoria Galban en crónica y fotos (VixxPixx Fotografía)

©Derechos Reservados de  Autor.

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